Non zangoa, han gogoa

Hasta el viajero más infatigable agradece una pausa; incluso el más nómada de los nómadas construye sus pequeños asentamientos. Todos necesitamos un campo base a la vuelta de nuestras idas y venidas; un amparo. A menudo, ese espacio de protección no es un lugar físico. Es el apoyo que proporcionan los de casa, el abrazo de los compañeros al descender agotado de cumbre, el té humeante sobre la mesa, la primera llamada. “Non gogoa han zangoa”, solemos decir (donde van tus pensamientos, van tus pasos), pero bien podría decirse al revés: “Non zangoa, han gogoa”. En nuestras actividades, en esos momentos de sufrimiento y fatiga, a cada paso que damos, siempre acuden a nuestra mente los de casa. Son ellos los que nos brindan ese aporte extra de oxígeno, los que nos empujan hacia arriba, o hacia abajo. Qué bueno es disfrutar de nuestros viajes y de nuestras actividades; que bueno volver a casa sabiendo que te esperan con los brazos abiertos. Quien en su periplo vital ha caminado de cima en cima, sabe ya hace tiempo que cuando las cimas ya no son tan altas ni tan lejanas, es ese lugar al que volver, ese amparo de los de casa, lo que verdaderamente importa.

Edurne Pasaban conoce bien ese sentimiento y siempre lo tuvo presente en su deambular por las más altas cumbres de la tierra. En 2010 se convirtió en la primera mujer en coronar los 14 ochomiles. Fue la culminación de un proyecto que le tomó 12 años completar, desde que en 1998 intentara el Dhaulagiri sin éxito. Y fue, también, el momento de volver la mirada hacia casa y plantearse nuevas metas. Porque, como ella misma dijo: Todo lo que he aprendido para alcanzar mis sueños y mis retos tiene más sentido si lo puedo compartir con otras personas “

 

Edurne en el Annapurna

 

Hoy Edurne sigue dedicada a las montañas, pero las observa de una forma distinta. No las necesita tan altas, ni tan lejanas. Ha construido una familia, ha sacado adelante un proyecto vital y, en todos los aspectos, ha vuelto a casa.

Edurne Pasaban, alpinista, conferenciante, empresaria, es hoy, también, friend de Ternua. Y lo es porque comparte los valores de nuestra marca: el amor por la montaña, el espíritu aventurero, el compromiso con la sostenibilidad y la conservación de la naturaleza… Ternua es hoy su casa y nosotros nos sentimos increíblemente honrados por ello; orgullosos de que porte nuestra marca y la muestre al mundo; de que este pueda ser, en adelante, ese lugar que siempre la espere a la vuelta de las muchas aventuras que le quedan por vivir.