Desde la cumbre sobre el clima en París, se nos advertía: estamos perdiendo la batalla contra el cambio climático. Además, el pasado mes de noviembre más de 15.000 científicos suscribían un segundo aviso a la humanidad, el primero fue hace 25 años (1992), alertando sobre el rumbo de colisión entre nuestro modelo de desarrollo y el mundo natural que nos sustenta. Ahora, se destaca lo mucho que han empeorado gran parte las problemáticas ambientales que amenazan nuestro futuro. También hay alguna buena nueva; la estabilización de la capa de ozono, que nos protege de la radiación ultravioleta, demuestra que, con el conocimiento adecuado y una firme voluntad, podemos modificar ese rumbo de colisión.

Un marco para los grandes desafíos medioambientales

Los grandes retos ambientales para la ciencia y, por tanto, para nuestra sociedad, tienen varios rasgos en común. Sus efectos ponen en riesgo el funcionamiento del sistema-planeta tierra, agrupándolos bajo el concepto de cambio global. Aunque los cambios se producen de forma progresiva, por ejemplo, el aumento de CO2 en la atmósfera y de la temperatura global, sus efectos se manifiestan abruptamente, superando inesperadamente umbrales tras los cuales no es posible volver al punto de partida. Además, sabemos que los efectos se padecerán de forma desigual en las sociedades humanas, siendo las clases desfavorecidas las que más los sufrirán.

Cambio global: los principales retos a gran escala

La comunidad científica ha destaca los siguientes: el cambio climático; la destrucción de los hábitats naturales y la pérdida de biodiversidad, ya hablamos de la sexta gran extinción en la historia; la acidificación de nuestros océanos, también derivada de las emisiones de CO2 , que amenazan el mayor y menos conocido de los sistemas que regulan nuestro planeta; sobreexplotación y cambios en el uso del suelo, de los recursos hídricos y los recursos marinos; la contaminación por sustancias químicas tóxicas; alteración de los ciclos biogeoquímicos de elementos esenciales para la vida como el nitrógeno y el fósforo; la inseguridad alimentaria y el continuo crecimiento de la población y del consumo y demanda energética per cápita, que a su vez generan y limitan nuestra capacidad para mitigar estas amenazas.

Un caso extrapolable: principales retos en el estudio de la contaminación

La línea de investigación de la que formo parte se centra en el estudio de la presencia de sustancias persistentes, tóxicas, bioacumulables y distribuidas globalmente mediante los sistemas de circulación atmosférico y marino -los Contaminantes Orgánicos Persistentes, COP-. En mi opinión, los principales retos a los que nos enfrentamos en este campo son en muchos casos extrapolables al resto de grandes retos medioambientales:

Cientos de ojos…ven mucho más que dos:

Es necesario mejorar y desarrollar sistemas de observación que permitan generar, integrar y manejar datos a escala global y regional. Esto requiere de un alto nivel de colaboración y capacitación de la comunidad científica y del desarrollo de nuevas metodologías sencillas y al alcance de todas las economías para poder trabajar a gran escala, incluyendo el desafío de las regiones menos accesibles, como la alta montaña o la Antártida. Por ejemplo, en el caso de los COP existe actualmente una red de monitorización global para evaluar su presencia en aire por todo el planeta. En esta línea, el programa de vigilancia Español sobre COP en aire y humanos del MAPAMA está en funcionamiento desde el año 2008.

Mejorar la “bola de cristal”:

Con más y mejores datos, podremos mejorar los modelos que nos permitan predecir las condiciones ambientales que nos aguardan y sus consecuencias a distintas escalas. En el caso de los contaminantes químicos, entender sus propiedades y los mecanismos que gobiernan su comportamiento a gran escala, derivados en buena medida de la investigación polar, han sido cruciales para entender el elevado riesgo que suponen a miles de kilómetros del lugar donde se originaron. Además, estos conocimientos son esenciales para poder identificar otras amenazas latentes aun no consideradas.

Un equipo preparado para todo:

Alejados de las condiciones controladas de los laboratorios, en el terreno, algunos efectos son impredecibles, pasan desapercibidos por el momento o simplemente ni los imaginamos. Por ejemplo, los efectos de un contaminante aislado, están en general bien definidos. Sin embargo, en el mundo real estamos expuestos a un coctel cambiante de cientos de sustancias cuyas sinergias son mayormente desconocidas y sus efectos pueden agravarse por otros factores (ej. escasez de alimento o agua, condiciones ambientales extremas). Para poder prevenir la amenaza, es prioritario avanzar en la consolidación de proyectos que integran expertos de diversas disciplinas para abarcar así la complejidad del medio natural.

Cómplices, ciencia y comunicación eficaz:

Dado que las problemáticas ambientales siguen sin ocupar una posición prioritaria en nuestras sociedades, los científicos coinciden en la necesidad de comunicar la gravedad de la situación más eficazmente. En paralelo al desarrollo tecnológico limpio (ej. energías sin CO2, producción circular, nuevos materiales respetuoso con el medio, producción agropecuaria más sostenible), es necesario establecer un canal de comunicación y participación activa entre la ciudadanía y la comunidad científica. Los emergentes proyectos de ciencia social, educativa y colaborativa, en los que cualquiera puede formar parte de un proyecto de investigación ambiental, son un excelente ejemplo. Para todo esto, es además necesario consolidar la inversión en investigación e integrar el conocimiento científico en la toma de decisiones para que nuestros gobernantes consoliden planes de desarrollo sostenibles y justos a largo plazo.

Todos tenemos algo que aportar:

Muchos trabajos científicos han puesto el foco en lo mucho que todo podemos hacer con la idea de que ese cambio social se trasladará también a los dirigentes y las instituciones. Actuar y vivir de una forma más sostenible implica modificar nuestros hábitos de consumo, transporte y alimentación hacia un modelo menos consumista y más responsable y consciente, demandando productos respetuosos con el medio ambiente y la sociedad global. No se trata de sacrificios extraordinarios: igual que sabemos que el tabaco o meter los dedos en el enchufe son dañinos para nosotros, el consumo desmedido y la falta de atención por mejorar nuestro entorno afectan directamente a nuestra salud, y aún peor, las generaciones que nos siguen se llevarán la peor parte. Aún tenemos algo de margen para corregir este rumbo. Proteger el medio ambiente y nuestro planeta es en definitiva un acto de amor con nosotros mismos, de solidaridad con los demás y de agradecimiento con el fantástico planeta que aún tenemos y queremos para los que vienen detrás.