Es posible que, de todas las prendas que nos preocupamos por vestir cuando llevamos a cabo una actividad en la montaña, el calcetín sea la que menos atención reciba. No son pocos los que usan un mismo par en todas sus actividades, sean del tipo que sean; y, lo que es peor, ¡a menudo ni siquiera se tratan de calcetines técnicos! Sin embargo, pocas prendas habrá que puedan determinar el éxito o el fracaso de una actividad en términos de confort en la medida en que puede hacerlo un calcetín. Un calcetín que se mueve, que se arruga, que crea ampollas o que es incapaz de evacuar el sudor puede convertir en tortura una actividad en la que, por lo demás, todo haya salido bien. Y esto es algo que puede ocurrir perfectamente mientras llevamos puesto el mejor calzado del mercado; si por debajo llevamos unos señores calcetines de vestir, con sus rombos y todo, la comodidad está en riesgo.

Ya en su día os hablamos sobre la construcción, las tecnologías y las fibras que componen los calcetines técnicos de Lorpen, que sin duda podemos considerar entre los mejores del mundo. Hoy, en cambio, queremos centrarnos en las ventajas prácticas que depara el uso de calcetines técnicos de montaña de calidad y específicos para cada actividad, como los que fabrica Lorpen. Estas son solo algunas de ellas:

Frío, calor y transpiración

Cuando estamos en nuestra cama, sepultados por un maravilloso edredón nórdico, y la cosa empieza a calentarse de más, ¿qué hacemos? Sacar un pie. No es una casualidad ni un chiste, tiene todo el sentido del mundo. Resulta que los pies están muy vascularizados y, al ser nuestra parte del cuerpo en contacto con el suelo, tienen un papel casi sobredimensionado en la termorregulación. Cada uno de ellos cuenta con unas 250.000 glándulas sudoríparas y puede expulsar hasta medio litro de sudor al día para mantenernos frescos. Por eso, como si fuera magia, sacas un pie del edredón y, de repente, ya no tienes tanto calor.

Cuando hace poco hablábamos de la norma de las tres capas y de su evolución, decíamos que cada prenda que vestimos tiene una función específica y, a la vez, debe permitir que siga fluyendo la transpiración hacia el exterior. ¡Cuánto más importante será esto en los pies, teniendo en cuenta que son la parte del cuerpo que más suda!

Un buen calcetín técnico cumple con esa función básica de expulsión de la transpiración gracias a su construcción a base de capas de distintas densidades y capacidades de absorción. La idea consiste, no en mantener los pies calientes a toda costa, sino secos y a una temperatura confortable. Si tenemos frío, sudaremos poco y el calcetín retendrá nuestro calor; si tenemos calor, perderemos temperatura sudando, y el calcetín alejará ese sudor de nosotros. El resultado en ambos casos es el mismo: el pie permanece seco y nosotros mantenemos nuestra temperatura de confort.

Obviamente, para que el sistema funcione plenamente debemos contar también con un buen calzado, pero incluso llevando las mejores botas del mercado, si los calcetines no están a la altura, no estaremos cómodos.

Ajuste y forma

Si hay algo capaz de amargar un precioso día de montaña, eso es sin duda una ampolla en el pie. Las ampollas comienzan como una pequeña molestia y crecen, crecen hasta convertir cada paso en una ordalía. Empezamos entonces a caminar raro para evitar el dolor y, si no nos detenemos pronto, la cosa puede terminar en lesión. 

Los calcetines normales y corrientes, los de calle, tienen una forma muy básica. Su patrón está constituido por apenas tres piezas de tejido unidas por una costura tradicional. Si los utilizamos para llevar a cabo una actividad exigente, no es raro que estos calcetines se muevan y terminen causándonos problemas. Los calcetines técnicos de Lorpen, en cambio, son pequeños prodigios del patronaje. Gracias al empleo de tecnología avanzada, en Lorpen son capaces de descomponer el volumen de un pie y una pantorrilla en diversas piezas que, una vez ensambladas, forman un calcetín que se ajusta a nuestra pierna como una segunda piel. Muy mal hemos tenido que escoger el calzado para que un calcetín así se mueva y termine causando ampollas. 

Esta capacidad de armar el calcetín con piezas de distintas formas permite, a su vez, dotar a cada parte de unas características específicas; se pueden reforzar las zonas de mayor fricción, acolchar las zonas de contacto, usar tejidos más transpirables donde hay mayor concentración de glándulas sudoríparas o, dependiendo de la altura de la caña, modular la compresión en ciertas partes, como soleos y gemelos. Eso entre otras muchas cosas.

Con tantas piezas distintas ensambladas para formar una única prenda, es lógico que existan muchas costuras, pero, en el caso de los calcetines Lorpen, eso es algo que no importa, porque se fabrican con una tecnología que permite unir las piezas sin que se forme en ellas la clásica protuberancia de la costura. Es más, con la tecnología SLS (Selective Layering System), Lorpen puede combinar en un mismo calcetín diferentes números de capas en distintas zonas, según lo requiera la actividad que pretendamos llevar a cabo. 

Y esto es muy importante: es la actividad la que debe marcar la elección del calcetín. Si las condiciones ambientales y el trabajo que realiza el pie no son iguales en una jornada de trail running que en una actividad de alpinismo, por ejemplo, ¿por qué debería ser el calcetín igual? ¿Acaso nos vestimos de la misma manera para ir a correr que para ir a escalar? Es por eso que en la web de Lorpen aparte de clasificar los productos por criterios de sexo o edad, también los clasifican por actividad. Y es que poco tienen que ver unos calcetines para nieve con unos calecetines para trekking, por ejemplo.

Higiene

Teniendo en cuenta que los calcetines técnicos tienen que lidiar con condiciones de humedad y temperatura bastante complicadas, el asunto de la higiene, aunque a menudo se pasa por alto, tiene su importancia. Para evitar la proliferación de hongos, bacterias y otros microorganismos, Lorpen pone mucho cuidado en la elección de las fibras. Algunas, como la lana, son naturalmente antibacterianas, otras, las fibras sintéticas, pueden recibir tratamientos para dotarles de esas cualidades. En cualquier caso, se busca con ello proteger al pie de males que, aunque no se manifiesten durante la actividad, pueden ser bastante más complicados que unas meras ampollas. Males como el pie de atleta, que está causado por el mismo dermatófito que provoca la tiña, y que prolifera en condiciones de humedad, alta temperatura y baja ventilación. Una broma que puede acabar costando, no ya la actividad en curso, sino el resto de la temporada. 

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Se mire con la luz que se quiera mirar, es evidente que la elección del calcetín no es un asunto menor. Y sin embargo, aunque se trata de la prenda más barata de todas las que podemos llevar encima durante una actividad, por algún motivo, son muchos los que siguen considerando que ese calcetín con dos raquetas cruzadas que compraron bajo un toldo es tan bueno como cualquier otro. Pues bien, no lo es. Si el asunto fuera tan sencillo como echarse algo al pie antes de calzarse las botas, Lorpen no habría desarrollado 60 modelos de calcetín. Pero lo ha hecho, porque en Lorpen saben que cada actividad demanda unas características distintas de un calcetín. Así, en su catálogo podemos encontrar calcetines específicos para expedición, para trekking, para esquí, para trail running, para senderismo, etc; cada uno de ellos con distinto nivel de acolchados, refuerzos, grosores y fibras. Todo para lograr algo tan sencillo de decir y tan complicado de lograr como tener los pies protegidos; es decir, secos y calientes, tanto en invierno como en verano. 

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